Dicen que las crisis son buenas, estimulan el cambio, renuevan, limpian e inspiran. Los momentos de crisis también aumentan la comprensión.
La comprensión, la empatía. La empatía de quien vive en el pozo permanente. Ese pozo aterrador de oscuridad que cubre el camino que no da alternativas. No hay angustia tan grande como aquella que no se sabe como solucionar, como disolver. No hay tormento mayor que tener la absoluta certeza de que se haga lo que se haga, se grite lo que se grite, no hay posibilidad de salir del pozo, del mar, de la cuerda floja, de la caída
libre.
Hay quien vive en ese pozo, en ese mar oleoso. Hay quien se asoma ocasionalmente, que se moja los pies. Al menos, cabe la posibilidad que sabiendo la profundidad, no nos ahogaremos en esa orilla.