lunes, noviembre 03, 2008

Aquellas bragas...

Mi vida cambió el día que aparecieron aquellas braguitas en el marco de la ventana de mi habitación. Desde aquel momento, dejé de ser virgen para el resto del universo.

Todo comienza el día en que no tu padre, ni tu hermano, ni tu perro, si no es tu madre quien descubre unas braguitas rojas, con encajes bordados, colgando de tu ventana cual fumata blanca con olor a azufre y a fornicio. Es encomiable el esfuerzo de mi madre por poner cara de madre moderna y orgullosa de las muescas en el revolver de su hijo menor. Pero algo cambia en tu madre en ese momento, ya deja de prepararte torrijas, ya toca a la puerta de tu habitación, y deja de llamarte con diminutivos horrendos.

Que triste es hacerse adulto de esa manera, para lo malo pero no para lo bueno, porque las bragas eran de la vecina fea, gorda, fea, descerebrada... y fea. Al menos podria fingir y hacerme el interesante cual semental, con la sonrisa cómplice del padre que ve a sus hijos varones como la prolongación de su propio pene.

Me hice mayor aquel día gracias a la fuerza de la gravedad y una pinza mal sujeta en un tendedero. Por lo menos, no tuve que perder la virgnidad con semejante adefesio. Mis padres nunca lo supieron.

4 comentarios:

cosmofonio dijo...

Jajaaaaa, muy bueno!

Como te lea aquella vecina... XDD

Gacela dijo...

XDDDDDDDD

Y no se las devolviste?

Yogurin dijo...

Juas juas juas, la leche, estás sembradísimo jaja xd
Que suerte tuvistes:P

vacapita dijo...

Jajajaja!!! Qué forma más sublime de narrar el episodio, jajajaja!!!

Qué escena jajajaja!!