sábado, enero 29, 2005

Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

Y otra vez me ha vuelto a pasar, otra noche en la que solo duermo 5 horas por ponerme a pensar. Mal invento el pensamiento, y peor invento la conciencia de uno mismo. Cuando uno se encuentra a solas consigo mismo en el silencio y la oscuridad de la noche, aparecen los oportunistas pensamientos que nos asaltan a todos cuando somos chavales, y empezamos a tomar conciencia de la vida y la muerte. Supongo que todos nos planteábamos de niños ¿qué pasará cuando yo me muera?. Con el tiempo, las personas más o menos normales dejan de hacerse esas cuestiones y se dedican a dormir, que es lo que manda la ley. Pero no, se ve que yo no superé esa fase. Sigo anclado en ese vacío en el estómago cuando trato de imaginarme la "no - conciencia", tras la muerte. Esa sensación de caída, ese vértigo y angustia que te hace tenerle un miedo terrible casi tanto a la propia vida como a la muerte.
Por supuesto, se que esa profundísima angustia ante la infinitud de la no existencia es producto de las propias limitaciones de mi yo, que me llevan a pensar en términos de principio y fin, contenedor y contenido. Sin embargo, aún continuo reprochándole a la naturaleza la aberración que supone la conciencia, el yo. Una amiga me justificaba su razón para no tener hijos, y de ella se puede extraer toda una concepción del ser humano: "No quiero ser la responsable de dar conciencia a un ser, que vivirá bajo el peso aplastante de la certeza de que va a morir".

4 comentarios:

calsetines dijo...

Yo le temo a la muerte. A la mia, y a la de los demás. Es algo, que aun no he superado, lo sé. Sin embargo, sé que es inevitable, y en ese sentido, quiero aferrarme a la vida, a todo lo que eso supone.

Y después de mí, no sé lo que vendrá. Ni si vendrá algo.

Pero sí quiero seguir viviendo, y seguir dando vida. ¿Que mis hijos moriran? Sí, claro. Pero espero que antes de eso, hayan vivido mucho, muchísimo. Y en cierto sentido, yo viviré en ellos, y en los que vendrán después de ellos. Incluso cuando yo ya no sea nada.

Respeto la opinión de tu amiga, pero no la comparto.

Anónimo dijo...

Sólo estoy de paso. Pero no pude evitar que el comentario de tu amiga me provoque un cierto impacto.

Una reflexión: Es curioso como justificándose en el miedo a la muerte ella no quiera dar vida...
Es paradójico.
Es casi como que por temor a la muerte ella "mate", porque su hijo jamás tendrá vida y sino tiene vida está muerto.

Sobre el miedo a la muerte: Si bien soy católico y creo en una vida después de la muerte, supongamos por un rato que esta no exista.

Uno tiene miedo a desaparecer, pero dejame hacerte una pregunta: Te acordás cuando vivías hace 200 años, allá por el 1800? No, verdad?
Por la sencilla razón de que no existías. Alguna vez te importó algo eso? No haber existido antes de tu nacimiento?
Estoy seguro que no, entonces, por qué te va a importar no existir después de tu muerte.

No es a la muerte a la que hay que temer.

Anónimo dijo...

Es curioso que la gente piense sobre estos temas durante la noche; como si la noche invitara a pensar en ellos. Basta con ver la hora a la que se publicaron los comentarios...

Una reflexión acerca de la no conciencia, minutos antes de dejar de estar conciente, al menos por unas horas.

MRG dijo...

Hola. Me parece interesante la refelxión de tu amiga. El hecho de tener conciencia, es lo que hace que seamos como somos y lo que somos. Por momentos (obviamente, y no se exactamente por que, siempre de noche) me sucede lo mismo que a vos al pensar en la existencia o no de la conciencia post-muerte. De todas formas, cuando reflexiono sobre ello desde otro punto de vista, pienso que poco importa el hecho de que seamos o no conscientes post-mortem, ya que la angustia que nos provoca el hecho de no encontrar una respuesta, se debe al miedo de dejar de relacionarnos con todo lo que nos rodea cotidianamente, en definitiva de lo que nos hace ser conscientes de que estamos vivos.
Aferrarnos a la vida y no pensar en la muerte, me parece algo así como aferrarse al día y no pensar en la noche, casi sin tener en cuanta que su llegada es inevitable. Creo que tal vez es mas interesante darle vueltas a algo que quizás no comprendamos, pero que inevitablemente va a suceder, y como respuesta encontrar ese vacío abismal que nos llena de miedo a lo que aun desconocemos.
Algo similar me ocurre al mirar el cielo (de noche) e intentar comprender que el universo es infinito... supongo que la idea es la misma; intentar entender la magnitud de algo inconmensurable.

Saludos..